Edad Media

Durante la Alta Edad Media el faro inició un dilatado proceso de abandono, expoliación y ruina. El declive del Imperio romano y de sus redes comerciales supuso la decadencia de las grandes rutas marítimas, que dejaron paso a una navegación de cabotaje de bajo tonelaje muy intensa en aguas interiores como las rías gallegas.

En esta época, es posible que el faro ya no alumbrara el horizonte pero su simple presencia sobre la península en la que se asienta sería suficiente para convertirse en una imponente baliza diurna para la orientación de los navegantes, cuando accedían al puerto coruñés desde barlovento. Tal debió ser su relevancia que, desde época muy temprana, aparecen relacionados con los restos del faro una serie de topónimos como “Farum Brecantium”, “Farum Pregantium” o simplemente “Faro”. Es más, desde el siglo IX o X la antigua población de Brigantium pasó a llamarse Faro, prueba de la importancia que éste seguía teniendo.

Durante la época de las invasiones normandas, en varias ocasiones, se recogieron referencias al faro. Concretamente en la Crónica del rey Alfonso III se habla de una batalla en el año 846 en la que las tropas asturianas se impusieron a las huestes normandas junto al Farum Brecantium. En relatos posteriores se conservan otras alusiones similares.

Debido a las amenazas externas y al declive de la actividad portuaria y comercial, el núcleo de Brigantium decreció casi hasta desaparecer porque su población se trasladó a un asentamiento más seguro, el llamado Burgo del Faro, situado al fondo de la ría, en el actual ayuntamiento de Culleredo, una zona resguardada de posibles ataques externos. En ese momento los restos del faro constituían una torre de vigilancia con un marcado carácter militar y defensivo.

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